viernes, 18 de junio de 2010

CASCOS Y VASOS DEL CABALLO

El casco del caballo está formado por un tejido llamado queratina la cual se produce constantemente y permite que el casco tenga cierta elasticidad de expansión para soportar el peso del equino y repartir las fuerzas de golpe en el mismo. Presenta dos estructuras, una lámina sensitiva y una insensitiva. En la sensitiva se encuentran gran cantidad de nervios y vasos sanguíneos los cuales nutren al casco de sangre aportando al mismo de nutrientes para su desarrollo y mecanismos de defensa en casos de inflamación o de infección. En la insensitiva encontramos una zona totalmente diferente donde no hay inervación ni irrigación sanguínea, es la zona donde se colocan las herraduras y los clavos sin dañar al casco, y que sirven para protegerle.
Una de las principales estructuras externas del casco es la ranilla, su principal función es la circulación sanguínea. Es la parte del casco externo más elástica y que normalmente tiene el primer contacto con el suelo, cuando el casco está levantado la ranilla y las estructuras flexibles internas del casco regresan a su posición normal y cuando el casco se posesiona en el suelo la sangre es forzada a circular hacia las venas, las cuales transportan la sangre hacia la pierna del caballo, trabajando como una bomba de presión.
El talón del casco siempre debe tener una altura normal y considerable para que el peso del caballo no caiga sobre los tendones flexores y así podemos evitar algunas enfermedades tales como tendinitis, enfermedad del hueso navicular e inclusive la osificación y fractura del cartílago alar. La pinza (punta del casco) debe tener un ángulo de 45 grados con referencia a la posición de la cuartilla o primera falange. La muralla lateral debe de estar en una forma acampanada para repartir proporcionadamente el golpe que recibe el casco al contacto con el suelo y el peso del animal, para evitar algunos sobrehuesos que se forman en las extremidades inferiores.
Se debe evitar el exceso de humedad para evitar enfermedades causadas por hongos, que se consigue proporcionando una cama seca y destapando siempre el casco del cirre que se pueda acumular entre la suela y la herradura. Se debe respetar la anatomía normal del casco y aplicar pomadas lubricantes o astringentes en caso necesario para resecar o endurecer el casco, conservarlo y protegerlo.
Los cascos de los caballos son sus uñas y crecen alrededor de dos centímetros por mes, por lo que deben ser recortados cada cinco o seis semanas, dependiendo del crecimiento del casco y del trabajo que realice el animal. Si los cascos no son recortados crecen a tal magnitud que se les forman defectos al caminar, se altera la circulación del casco y los caballos permanecen echados todo el tiempo. También la falta de recorte y herrado pueden traer como consecuencia la herradura asentada, es decir penetra en la palma del caso, y le produce lesiones. También puede producir abscesos, pododermatitis, entre otros.
Si se realiza antes de tiempo el recorte, se puede llegar a las zonas sensibles del casco, produciendo mucho dolor y cojera.



Los herrajes son muy importantes, deben ser puestos según la medida del casco y colocados por una persona especialista o herrero. Al herrarlos se evita el desgaste de los cascos.
Para que una herradura esté colocada correctamente, los cascos deben de estar planos y, para ello, es necesario recortarlos o limarlos, de lo contrario se tambaleará hacia los lados o se deslizará hacia delante o hacia atrás, lo que incentivará su agresividad por el dolor que le produce.
Es un proceso que debe comenzar cuando el potro tenga de 4 a 8 semanas.
Si no se aplica un herraje es necesario hacer un recorte y acordonar la parte distal de la muralla, para así evitar que el casco se desportille. Se debe tener mayor cuidado durante el trabajo del caballo, ya que puede despalmarse fácilmente al no tener la protección que le otorga la herradura.


Tatiana Gutierrez.... 2010

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada